Todas las entradas por Hugo L. García

Oviedo/Uviéu, 1990. Estudiante de 4º curso de Grado en Periodismo, en modalidad online, por la Universidad Rey Juan Carlos.

HIMYM: el final no me importaba…

En una exitosa serie de nueve temporadas, la quinta ya empezó a mostrar signos de desgaste. La sexta fue aburrida y repetitiva, la séptima empezó algo mejor y acabó descarrilando, la octava fue malísima y la novena, un desperdicio, una frustración inmensa al ver que ni teniendo la línea de meta delante eran capaces de hacer algo digno.

Con todo eso, nos seguimos tragando la serie estos años, agarrándonos a los cada vez más escasos momentos de brillantez entre incesantes giros de culebrón y diálogos cada vez más sosos. Llegué al último capítulo curado de espanto y sin ninguna expectativa, pero sin duda los guionistas de How I Met Your Mother se han superado: han conseguido cagarla más de lo humanamente imaginable. Seguir leyendo HIMYM: el final no me importaba…

Mi capitán

Tengo un recuerdo que para mí es el epítome de todo lo que significa Carles Puyol. Era una noche de octubre de 2002 y el FC Barcelona pasaba por uno de sus peores momentos históricos. Después de tres temporadas de fracasos deportivos y despropósitos directivos, la cuerda se había estirado demasiado y el club iba de cabeza al abismo de la mano de Joan Gaspart y Louis van Gaal. En un par de meses, el Barça llegaría a ocupar el décimoquinto puesto en la clasificación.

A los doce años, yo estaba hecho todo un forofo, pero más aún un sufridor: toda mi memoria futbolística reciente se componía de disgustos y vergüenzas. Seguir leyendo Mi capitán

Pizzas a veinticinco euros

Abría la semana pasada el primer Domino’s Pizza de Oviedo (en El Milán, sumándose a una curiosa avalancha de franquicias de comida rápida en la zona Este) y en sus panfletos volvía a brillar otra de esas estrategias publicitarias entre lo absurdo y lo insultante. En realidad, se trata de un especial de la casa de todas las cadenas pizzeras.

La pizza mediana ‘vale’ 18 euros; la familiar, 25. Seguir leyendo Pizzas a veinticinco euros

Dixebra, a la altura de las circunstancias con ‘Tiempos modernos’

(Esti artículu ta disponible tamién n’asturianu)

Dixebra llevan unos años envueltos en una vorágine de aniversarios, homenajes y reconocimientos que de alguna manera han restado repercusión a su nuevo material. Y es una lástima, porque si hay algo inusual y celebrable en los 27 años de carrera de la banda es que nunca han bajado el listón. ‘Tiempos modernos’, su noveno álbum de estudio, mantiene la diversidad y la fusión cómoda de ‘Amor incendiariu’ y combina buenas canciones en estilos familiares con otras más novedosas, de resultado variante. Presenta quizás menos puntos álgidos que su predecesor, pero también un conjunto más homogéneo y un enfoque más centrado, con nuevos matices y con cosas que contar. Seguir leyendo Dixebra, a la altura de las circunstancias con ‘Tiempos modernos’

Dixebra, al altor de les circunstancies con ‘Tiempos modernos’

(También en castellano)

Dixebra lleven unos años envueltos nuna voráxine d’aniversarios, homenaxes y reconocimientos que, de dalguna manera, vienen restándo-y repercusión al so material nuevu. Y ye una pena, porque si hai daqué inusual y cellebrable nos 27 años de carrera de la banda ye que nunca baxaron el llistón. ‘Tiempos modernos’, el so novenu discu d’estudiu, caltién la diversidá y la fusión cómoda de ‘Amor incendiariu’ y combina bonos cantares n’estilos familiares con otros más novedosos, de resultáu variante. Presenta quiciabes menos puntos cimeros que’l so predecesor, pero tamién un conxuntu más homoxéneu y un enfoque más centráu, con matices nuevos y con coses que cuntar. Seguir leyendo Dixebra, al altor de les circunstancies con ‘Tiempos modernos’

“Bebe Coca-Cola embotellada en tu zona”

Hace no muchos años, Coca-Cola lanzó una campaña publicitaria extraña y bastante insultante. Entre el buenrollismo cursi habitual, esta vez el anuncio lanzaba un mensaje muy concreto al ciudadano: “bebe Coca-Cola embotellada en tu zona”.

Era la respuesta a un fenómeno muy creciente en algunas zonas del Estado, donde se importaba (y se sigue importando) Coca-Cola del extranjero para abaratar costes, rascándole el negocio a la filial española. A los fabricantes del refresco más famoso del mundo no se les ocurrió otra cosa que trasladar al consumidor la responsabilidad sobre esta disputa puramente empresarial. Y lo que es peor, lo hicieron tratando de esconder sus motivos de forma descarada tras la pantalla de una bonita causa: ahorrar emisiones de CO2.

Lo cierto es que era difícil creer que una iniciativa así pudiera calar. Nadie se puso a rechazar el refresco en el bar al ver la etiqueta en polaco. Puestos a hablar de daños ‘colaterales’, la empresa podría haber clamado que la Coca-Cola de importación ponía en riesgo los puestos de trabajo de las embotelladoras españolas. Quién sabe si habría sido más efectivo, aunque visto lo visto, también más hipócrita si cabe.

En cualquier caso, a Coca-Cola no le ha importado ni el dióxido de carbono, ni las vidas de sus trabajadores, ni nada a la hora de centralizar la producción y mandar a la calle a más de quinientas personas, en complicidad con sus embotelladoras hoy agrupadas en Iberian Partners. Una maldad escandalosa con plena impunidad. Sin más motivo que el de querer ganar más miles de millones de euros de los que ya ganan, generando miseria simplemente porque pueden.

Estos días se oyen voces críticas respecto a cualquier tentativa de boicot contra Coca-Cola. Se habla de la hipocresía de ir a rebelarse ahora contra una empresa que a la que siempre se ha relacionado con multitud de prácticas condenables y asuntos turbios. Razón no les falta, pero es lógico que la gente se sensibilice más cuando presencia las cosas en primera persona.

Da igual, porque las posibilidades de hacer daño a una empresa mastodóntica como esta son exiguas. Lo necesario es que las instituciones pongan todas las barreras posibles a sus actitudes codiciosas y depredadoras; en cambio, aquí se les sirvió en bandeja una reforma laboral -otra más- para que destruyan empleo a su antojo, como si les hiciera falta ayuda. Pero claro, con el mismo cinismo antológico que emplean los que nos gobiernan cuando dicen que la contrarreforma del aborto es “progresista”, a abusos como el de Coca-Cola suelen llamarlos “libertad”.