Papá Noel era verde, lo cambió la Coca-Cola

Recuerdo con cariño aquellas leyendas urbanas que nos contábamos en la infancia y la primera adolescencia, en el patio del cole o en el parque del pueblo. Las de carácter sobrenatural no me impresionaban mucho, y sin embargo sí lo hacían las más terrenales, por cuanto resultaban más creíbles y por eso mismo se contaban con mayor convicción. Lo de Ricky Martin en ‘Sorpresa, sorpresa’ diría que no llegué a creérmelo mucho, pero sí que me impactó aquello de que La Oreja de Van Gogh se habían declarado proetarras con toda tranquilidad en el programa de Pedro Ruiz.

Una de aquellas historias, siendo bastante pequeño, me sobrecogió de una forma más intensa que ninguna otra. “Papá Noel al principio era verde, lo volvió rojo Coca-Cola para la publicidad”. Obviamente, sabíamos que era un personaje ficticio. En aquel momento me habría dado vergüenza admitir que había un nudo en mi garganta; parecía ridículo que me impresionara algo tan mundano y ajeno a mí, pero probablemente a todos los niños nos pasaba lo mismo. Ahí reside el poder de este tipo de leyendas y el motivo por el cual siguen circulando, esa necesidad de compartir el pequeño trauma.

Santa Claus ni siquiera era una figura tan cercana para nosotros, pero sí que eramos conscientes de su alcance internacional, su tradición e influencia. Quizás aquel rumor fue mi primer atisbo de esa conspiranoia, ese aire turbio que no sin motivo siempre envuelve a las multinacionales. Había una empresa, unos señores de traje y maletín tan poderosos que eran capaces de alterar a su voluntad las tradiciones más arraigadas. Y encima, era una empresa cuyos productos consumíamos a menudo y con mucho gusto. ¿De qué eran capaces y cómo nos afectaría?

Habiendo llegado a vivir unos años antes de que Internet fuera ubicuo y todopoderoso, parece que da un poco de pena lo fácil que es ahora desbaratar cualquiera de aquellas leyendas, aunque sin duda es genial poder leer acerca de ellas. Snopes.com explica que la figura de Santa Claus proviene de diversas leyendas y evolucionó de forma difusa, pero que en cualquier caso la representación que popularizó Coca-Cola en sus anuncios desde los años 30 no fue inventada por ellos, sino que era ya la más extendida. Hoy, recuerdo con una sonrisa aquel pequeño miedo psicológico… y aquella inocencia de no saber cuántas cosas hacen las corporaciones mucho peores que cambiarle el color a Papá Noel.

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